LUNAS DE MIEL VICTORIANAS

 

Todos conocemos esta famosa celebración marital, tradicional en nuestra cultura occidental, pero pocos conocen y, por ende, reviven el concepto intrínseco en la costumbre de los recién casados. La práctica se originó a principios del siglo XIX en Gran Bretaña. Las parejas de clase alta iniciaban el llamado "bridal tour", a veces acompañados por amigos o familiares, para visitar a aquellos que no habían podido desplazarse hasta la isla para asistir a la boda. La práctica pronto se extendió al continente europeo, conocido como el viaje a “la façon anglaise” (al estilo Inglés) en Francia desde la década de 1820 en adelante.

Los novios emprendían estos viajes imbuidos por los ideales románticos: partían en busca de lo bello, de lo sublime, de la aventura, de experiencias inspiradoras…Algunos de estos viajes dieron lugar a grandes travesías y a obras literarias tan interesantes como “Pasaje a la India” de E. M. Forster, “Memorias de África” de Isak Dinesen o “Historia de una excursión de seis semanas”, que recoge los viajes de la pareja Shelley.

La Luna de Miel en el sentido moderno se generalizó durante la Belle Époque, al mismo tiempo que nacía el moderno turismo de masas. Los destinos más populares de luna de miel en el momento fueron Francia e Italia, en particular sus balnearios y románticas ciudades como Roma, Verona o Venecia. Sin embargo, las Lunas de Miel victorianas y las actuales tienen algo en común: son la inauguración de una nueva vida, la celebración de un amor. En la Inglaterra victoriana los novios apenas pasaban tiempo juntos antes de la boda, así como, debido a la moralidad imperante, tampoco empleaban tiempo en compañía de alguien que no fuese de su mismo género. Por esto, la Luna de Miel se convertía no sólo en un viaje en el que conocer nuevos paisajes y cultura, sino también en el que poder conocer a la pareja. La Luna de Miel es un viaje irrepetible, que debe abrir las puertas de una nueva forma de viajar en pareja para el resto de la vida.

 

 

Sugerencias

HISTÓRICA propone recuperar los orígenes de la Luna de Miel recreando algunos de estos incomparables viajes románticos cargados de significado.

Siguiendo el amor eterno que profesaba Florentino Ariza a Fermina Daza en la novela de García Márquez "El amor en los tiempos del cólera", pueden pasear sus sentimientos por las coloniales calles de Cartagena de Indias, o maravillarse con los evocadores paisajes de Colombia en un crucero por el río Magdalena.

No todos los amores despiertan a primera vista, pero el amor que Kitty Garstin, la protagonista de la célebre novela de Somerset Maugham "El velo pintando" acaba sintiendo por Walter Fane, es un amor fuerte y sincero que surge gracias a la comprensión y el conocimiento. Al trasladarse a las profundidades más rurales de la ancestral China, Kitty y su marido Walter emprenden un viaje que dará sentido a sus vidas.

Esta deliciosa novela escrita por E.M. Forster, canto a la libertad y a la naturaleza, es el pretexto perfecto para descubrir los fabulosos paisajes de la Toscana: caminos rojos, olivos y cipreses salpicados de campanarios y pequeñas villas. Y la mejor vía para descubrir, también, algunos secretos del Renacimiento.

Otras propuestas

Las alas de la paloma: la aristócrata Venecia
Memorias de África: Yo tenía un amor en Kenia
Amor Imperial en Austria: Sissi Emperatriz
Casablanca: para perderse y reencontrarse
Madame Butterfly: Pasión en el Extremo Oriente
Notre Dame de Paris: Amor platónico
Galatea y Pigmalión: Chipre, donde el amor cobra vida
Romeo y Julieta: Shakespeare en Verona
La reina de África: navegando en Tanzania

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