FRANCISCO DE ORELLANA Y LA BÚSQUEDA DE EL DORADO

Y aquí determinó el dicho Gonzalo Pizarro se hiciese un barco para navegar el río de un cabo, a otro por comida, que aquel río tenía ya media legua de ancho.

FRAY GASPAR DE CARVAJAL

 

A finales de 1540, siete años después de conquistar Perú, Francisco Pizarro nombró a su hermano mayor, Gonzalo, vicegobernador de la capital norte de los incas, Quito. Cuando Gonzalo llegó a Quito, con 30 años de edad, oyó rumores de tierras con fabulosas riquezas hacia el este. Se decía que esos bosques amazónicos crecían valiosos árboles de canela. Y lo más interesante era que más allá había una tierra tan rica en oro que su jefe se cubría de polvo de este preciado mineral. Se trataba del “Hombre Dorado” o El Dorado.


Gonzalo Pizarro decidió inmediatamente conquistar “La Canela y el Dorado”, partiendo a comienzos de 1541 con 220 españoles y con el apoyo de cientos de porteadores indios y grandes rebaños de ganado. Su segundo al mando era su amigo Francisco de Orellana, de su misma edad y soldado experimentado. Eran los guerreros más jóvenes y valiosos de España, pero pronto sucumbirían a los estragos de la selva. Los españoles morían de hambre, empapados por las lluvias y perdidos en bosques interminables. Orellana, en su desesperación, decidió construir una gran barca para llevar las provisiones por el río mientras los hombres de Pizarro avanzaban por tierra. Pero el río Amazonas, caprichoso e incontrolable, separó para siempre la expedición. ¿Fue una traición, una eventualidad imprevista o la fuerza de las circunstancias? Fuera lo que fuese, hizo que Orellana, en ocho meses, completara una de las mayores exploraciones de todos los tiempos: descendieron, nombraron e informaron sobre el mayor río del mundo tres siglos antes de que otros europeos descubrieran los ríos de África.

 

 

Acontecimientos exclusivos de SOCIEDAD HISTÓRICA

Francisco de Orellana, original de Trujillo, es una de las grandes figuras de la España del Siglo de Oro. Explorador, conquistador y adelantado español en la época de la colonización de América, ha vivido a la sombra de otros grandes nombres como Cortés o Pizarro. Pero su hazaña, tan involuntaria como sorprendente, lo convirtió en un referente de la exploración. En el año 1974, el escritor Vázquez-Figueroa publicaba una pequeña obra en la que recreaba su aventura siguiendo los pasos del trujillano. Y ahora, es SOCIEDAD HISTÓRICA quien propone seguir al primero inspirándose en la obra del segundo, para “adentrarse en tierras de los indios aucas, buscar las ciudades perdidas e intentar encontrar a las legendarias amazonas de que hablan los cronistas de Indias. O incluso soñar con la cueva bajo la catarata del río Coca, donde se dice que reposa el tesoro de los incas”.

NAVEGAR EL RÍO NAPO


  • Navegar por la totalidad del río Napo a bordo de una embarcación local, emulando al trujillano. Un periplo prácticamente inhóspito, que finalmente permite desembocar en Iquitos y, desde allí, descender la totalidad del río Amazonas, a bordo de lujosos cruceros, como otros muchos grandes viajeros que alcanzaron su desembocadura.

CONVIVIR CON INDÍGENAS


  • Encontrarse con algunas de las comunidades indígenas con las que se topó el propio Orellana y convivir con ellas: Quichuas, Secoyas y Aucas (que ya no son antropófagos como lo eran antaño). Compartir sus tradiciones, como asistir a la preparación del Mazato y degustar esta bebida típica de los Quichuas.

VIVIR RITOS SELVÁTICOS


  • Participar, en la noche de la selva amazónica, en el ritual Quichua de la Nitishkiar. Los más atrevidos y osados, incluso, se atreven con la guayusa, una planta que forma parte del ritual de la comunidad, tomada en cada hogar de la misma manera que el café en las ciudades, y que ayuda a eliminar la pereza y la desgana en el trabajo.

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