Propuesto y acompañado por Anabél Cortés, licenciada en Historia del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE POMPEYA Y HERCULANO

El día amaneció despejado, pero no tardó en ir oscureciéndose. Antes del mediodía la ciudad ya se estaba adentrando en penumbras y del cielo los dioses, como dando fe de su castigo, comenzaron a lanzar cenizas y piedras que caían con fuerza sobre los tejados.

PLINIO EL JOVEN

 

En la mañana del 24 de agosto del año 79 d.C., una columna de humo comenzó a ascender del volcán Vesubio. La población pensó que se trataba de un escape más de humo, pues ya había pasado en años anteriores. Pero esta vez la erupción se manifestó de dos maneras: en Herculano, una especie de fango, mezcla de cenizas, lava y lluvia, inundó las calzadas y callejuelas de la ciudad, cubrió los tejados y penetró por ventanas y rendijas. La gente salió horrorizada de sus casas y muy pocos pudieron huir de aquella ciudad italiana. En Pompeya se inició como una finísima lluvia de cenizas que nadie sentía. Luego cayeron los lapilli, pequeñas piedras volcánicas que se asemejan a un granizo incandescente y por último, piedras pómez de varios kilogramos de peso. La ciudad quedó envuelta en vapores de azufre que penetraron por las rendijas y hendiduras de las casas y villas y se filtraron en las togas que la población se ponía en nariz y boca para protegerse. Los pompeyanos comenzaron a pasar angustiosos minutos, replegados en los rincones que podían encontrar. Cuando en el último momento trataron de huir, muchos murieron lapidados por las piedras pómez. Aterrorizada, la población retrocedía y se encerraba en sus casas. Pero era demasiado tarde. En algunos casos, los techos se derrumbaban, dejando sepultados a los inquilinos.


El 26 de agosto, el sol volvió a salir. Del Vesubio ya solamente salía una débil columna de humo y todo el volcán se encontraba rodeado por un enorme pedrisco, del que apenas sobresalía alguna columna o algún tejado. A una distancia de casi veinte kilómetros desde las faldas del monte, el paisaje quedó completamente asolado: los jardines no eran más que un terregal, los campos estaban llenos de ramas ennegrecidas y todo el ambiente estaba colonizado por unas partículas de ceniza que se llegaron a extender por el norte de África, Siria o Egipto.

 

 

ANABEL CORTÉS

 

El viaje es propuesto y acompañado por ANA ISABEL CORTÉS LILLO, Licenciada en Historia del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid, con especialización en la transición de la Época Moderna a la Contemporánea. Su desarrollo académico ha estado siempre en relación directa con la los estudios de género en la Modernidad. En la actualidad, forma parte del Máster de la EAE Business School en “Protocolo y Turismo de Negocios”, enfocando sus esfuerzos en creatividad y gestión de eventos temáticos y argumentales para empresas de diversos sectores. Como Vicepresidenta del Taller de Artes Plásticas de Alcalá de Henares, ha sido durante años coordinadora pedagógica de los talleres infantiles de arte del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, y docente de enseñanza no reglada en materias de Arte e Historia del Arte. Ha participado como conferenciante en diversos ciclos y congresos, en los que siempre ha abordado la cuestión de género a través del arte en la etapa de su especialización, como el ciclo “No sólo musas: la mujer artista en la Modernidad”. Ha sido guía del Museo de Artes Decorativas. En los últimos tiempos, ha tratado en varias ocasiones la cuestión del rol de las mujeres en la sociedad Moderna y los elementos que han conformado las ideas del pensamiento, a través de la perspectiva histórica, como en las últimas Jornadas sobre Misterios de la Historia, organizadas por el Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

 

 

Acontecimientos exclusivos de SOCIEDAD HISTÓRICA

Mientras estuvo gobernando en Nápoles, Carlos III se encargó de financiar las excavaciones de las dos ciudades, ordenó que se le informase puntualmente de cada nuevo hallazgo, y promovió el estudio y conservación de las piezas, la publicación de tratados sobre aquellas maravillas e incluso la fundación de un museo que sirviera para reunir todo lo desenterrado. Todo ello, claro está, a mayor gloria de su persona y del territorio que estaba bajo su dominio. Así fue como, tras dieciséis siglos durmiendo un sueño que parecía eterno, los restos de las ciudades romanas de Herculano, Pompeya y Estabia comenzaron a salir de su letargo gracias a la labor de un ingeniero militar español que, destinado en Nápoles, protagonizó uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de todos los tiempos. Nuestro protagonista, escasamente conocido –y aún menos reconocido– a pesar de la relevancia y trascendencia de su trabajo, se llamaba Roque Joaquín de Alcubierre. SOCIEDAD HISTÓRICA propone regresar a los tiempos del inicio de las excavaciones de Pompeya y Herculano y realizar una retrospectiva para conocer la resurrección de estas ciudades gracias a la arqueología.

LA VIDA DEL ROMANO


  • Revivir, acompañados de un experto, no solamente la vida cotidiana de la antigua Roma, sino poder recapacitar acerca del devenir histórico de los acontecimientos, que han ido conformando cuestiones de pensamiento y condicionamiento social tan interesantes como la propia aparición del turismo.

VISITA A ESTABIA


  • Incluir en la visita la ciudad de Estabia, uno de los enclaves afectados por la erupción que han quedado olvidados. Muchos aristócratas romanos construyeron allí sus villas, como Pomponiano, amigo de Plinio el Viejo. Éste se refugió en la villa de su amigo durante la erupción y murió allí ahogado por los gases.

IL MENU DEI GLADIATORI


  • Revivir en un contexto de encanto el menú del que disfrutaban los gladiadores antes de saltar a la arena de los coliseos y jugarse la vida, después de haber reinterpretado el concepto a través de los más excelentes detalles de la más exigente y selecta gastronomía contemporánea.

FORME PARTE DE ESTE VIAJE

 

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