LAS EXPEDICIONES DE VYSE Y LEPSIUS A LAS PIRÁMIDES DE EGIPTO Y NUBIA

Se podría pensar que hay cierta monotonía en esta escena, y escasa belleza. Sin embargo ocurre lo contrario, ya que es de la más sutil y exquisita de las bellezas que trasciende al color, al ambiente y al sentimiento; y no hay monotonía ni en el paisaje ni en la forma de las pirámides. Una está construida en una sucesión de plataformas que decrecen gradualmente hacia la cúspide. Otra, allá abajo en Dahshur, se curva en dos ángulos, mitad cúpula, mitad pirámide. No existen dos del mismo tamaño ni que estén construidas con el mismo ángulo; de alguna manera, cada grupito difiere del conjunto.

AMELIA EDWARDS

 

La forma piramidal en las tumbas reales del Antiguo Egipto no surgió de forma espontánea en un momento dado. Como casi todos los aspectos de esta antigua cultura, es el resultado de una larga y bien conocida evolución. Dicha evolución tiene lugar durante la III Dinastía y los primeros reyes de la IV, en la que se llega al esplendor y grandeza de estos monumentos. Luego, en la V Dinastía, siguen evolucionando y pierden importancia y dimensión a favor de otros monumentos y complejos funerarios.


Conocer y entender la mecánica y razón de ser de estos enormes monumentos es algo que la humanidad en general, y la egiptología en particular, lleva tratando de entender desde los albores de la ciencia arqueológica. Richard W. H. Vyse, un militar británico que visitó Egipto por primera vez en 1835, realizó exploraciones en las pirámides de Guiza junto a Giovanni B. Caviglia. Regresó al país del Nilo en 1837 para continuar sus investigaciones, para lo cual contrató la ayuda de John S. Perring, un ingeniero civil británico que estaba trabajando para el «ministerio» de obras públicas de Egipto. Juntos elaboraron los primeros trabajos científicos en esta materia. Cuando Vyse regresó al Reino Unido dejó encargado a Perring de continuar la exploración de las pirámides. Perring, no se limitó a estudiar los monumentos de Guiza, sino que también visitó Abu Rowash y siguió hacia abajo con Abusir, Sakkara y Dashur. Prolijo como era, no se limitó a la necrópolis menfita, sino que también llegó hasta la zona de Fayum para explorar las pirámides de Lisht, Meidum, Ilahun, Hawara... y todavía más al sur, porque visitó la estupenda pirámide de Edfu, al sur de Tebas.


Por otro lado, Karl R. Lepsius, siguiendo los pasos de aquellos científicos y sabios que habían viajado a Oriente durante la expedición científica orquestada por Napoleón, fue reclamado en 1842 por el rey de Prusia Federico Guillermo IV, por solicitud del ministro Joahann Eichhorn, para dirigir una expedición a Egipto y Nubia. La idea era hacer para el imperio lo propio que habían hecho los franceses en Egipto, por la causa de su nación y para recabar toda la información posible sobre aquellos territorios, y todas las obras de arte posible para enriquecer los museos nacionales. Lepsius viajó a Egipto y exploró, al igual que Vyse, Guiza, Abusir, Saqqara y Dashur. Exploró 67 pirámides y más de 130 tumbas de nobles. En 1843 fue a Fayún donde encontró los restos del llamado Laberinto de Egipto y la pirámide de Amenemhat III; excavó en Beni Hassan y Bersha, y visitó Luxor (lugar de la antigua Tebas). Pero tras estos descubrimientos, viajó aún más al sur de lo que lo habían hecho otros investigadores, llegando con rigor arqueológico a Nubia, donde aprovechó para realizar un estudio de las lenguas locales y de todos sus monumentos. Si bien las pirámides de los reyes nubios habían sido descubiertas y estudiadas en 1820 por el naturalista y geólogo malacólogo francés Frédéric Caillaud, sería Lepsius quien visitara todos los cementerios reales: Napata, El Kurru, Nuri, Djebel Barkal... realizando un estudio sistemático y una completa publicación de los mismos.

 

 

Acontecimientos exclusivos de SOCIEDAD HISTÓRICA

SOCIEDAD HISTÓRICA les invita a realizar un viaje único, raramente frecuente entre los destinos turísticos habituales, para sumergirse en la historia y el pasado, siguiendo los pasos de los grandes aventureros y arqueólogos que, como pioneros de una incipiente egiptología como disciplina científica y académica, visitaron y estudiaron por primera vez estos emplazamientos recónditos de los desiertos de Egipto y Nubia.

VIAJAR CON EGIPTÓLOGOS


  • Existe un abismo entre el Egipto que se presenta a los ojos de los turistas habituales, viajeros de touroperación que, ya desde tiempos de Amelia Edwards, recorrían las arenas del desierto sin percibir el legado ancestral que estaban pisando, y el que se aprecia cuando se viaja acompañado de un egiptólogo que ha dedicado parte de su vida a excavar en las profundidades de los monumentos egipcios.

VISITAR MONUMENTOS EN PRIVADO


  • Egipto cuenta con un patrimonio inconmensurable, inabarcable tanto para el viajero como para los responsables de su conservación. Por ello muchos de los monumentos más interesantes se hallan, habitualmente, cerrados al público. SOCIEDAD HISTÓRICA ofrece la posibilidad de solicitar los pertinentes permisos al Servicio de Antigüedades egipcio para poder abrir aquellos lugares que nos interesan.

YACIMIENTOS ESPAÑOLES


  • La Egiptología española despunta poco a poco, gracias a la ingente labor de un destacado número de expertos que, día a día, van descubriendo al mundo nuevos datos en sus respectivos yacimientos. En este viaje cabe la posibilidad de visitar y conocer algunos de los yacimientos arqueólogicos en los que actualmente están trabajando los investigadores españoles, tanto en Luxor como en Asuán.

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